Pisadas
Salgo de allí dando un portazo a modo de despedida. Un sabor metálico inunda mi boca. Salto los peldaños de dos en dos. Resbalo. Un dolor intenso recorre mi muslo y mi rodilla. Ya en la calle, el aire fresco golpea mi cara. Desciendo por la calle a trompicones. Siento que una marea de cuerpos extraños me vapulean. ¡ Ten cuidado, guapa! me grita alguien. Los locales de ocio vomitan una multitud tambaleante. Las calles apestan a alcohol. El griterío ahoga mi respiración entrecortada. Giro por una bocacalle a la izquierda y me introduzco en un parque. El intenso olor a orín me produce nauseas. Me dirijo hacia el callejón. Está oscuro. No veo a nadie, pero percibo una presencia extraña. Respira hondo. Relájate. Queda aire , susurro. Unos ladridos. Noto cómo mi corazón bombea la sangre; mis músculos se tensan. Pasa un rottweiler. Su correa fustiga el asfalto. Mi adrenalina se dispara. De nuevo me falta el aire. La polución de la ciudad me asfixia. Salgo al encuentro de ...